“¡Haber profe! Cómo un avión – ¿de papel?- de qué material. Se supone que un avión nos va ayudar a afianzar nuestros conocimientos sobre la didáctica de la lectura (?), realmente, es esta la primera actividad que no comprendo en el curso, un avión...”
No sólo me sentí angustiado por tener que hacer manualidades, también me sentí incómodo pues mis manos fuera de la cocina no hacen muchas cosas agradables. Fuera de la sal, pimienta, orégano y teclear un computador, mis manos no hacen más, por primera vez en mi vida estaba ante un reto no cognitivo, pero si ante una situación que realmente logra alarmarme.
Ese martes-aunque olvidé la fecha- nunca olvidaré esa mañana en la cual se dejó el trabajo de realizar un avión, todos quedamos sumidos en sosiego de incomprensión por la finalidad que acarreaba el trabajo; siendo posibles expresiones al final de la clase, en el pasillo, y en forma de cuchicheo: “¿un avión?” o “más trabajo y yo sin tiempo”.
Con el pasar del tiempo, y sólo hasta un miércoles de vacaciones en la tarde- con altas posibilidades de llover- que estaba en la empresa de mi padre, decidí tomar control de la situación para salir de ese trabajo y poder escribir mi experiencia. Fue sólo cuestión de media hora y alrededor de cinco páginas de internet para encontrar la idea general de cómo elaborar un lindo avión que, más que vuele, sea decorativo y pueda hacer algo con él cómo un regalo.
Es interesante ver que muchas personas prefieren realizar sus propios regalos, con base en la otra persona y sus gustos, sin embargo decidí crear mi avión regalo para trascender de una simple tarea escolar a un medio que me permite expresar esos sentimientos.
Los materiales quedaron arrumados por varios días, pero al cabo de unas dos semanas de comprados y con el temor de que se secaran las pinturas, decidí comenzar realizar el ensamble del avión mas no contaba que el acopar fuera una herramienta un poco compleja de tratar.
Dos días. Cortar, arreglar, botar, cortar nuevamente y mirar si entra en las aberturas hechas hasta ese momento, fueron actividades que se realizaban en forma de círculo vicioso, con la lejana intención de terminar; “si quiere le ayudo con eso, no se preocupe que las manualidades no son tan difíciles como crees mijo”, palabras de mamá que decidí mejor dejar de lado y seguir yo sólo en el proyecto, un reto que nunca pensé volver a experimentar más allá de tercero primaria.
Por fin, después de varios días de intentos fallidos, algunos y otros no, decidí dejar el avión tal cual estaba y pintarlo con colores alegres, algo divertido pues se supone que en todo lo que hacemos hay una expresión de nuestro inconsciente al mismo tiempo una representación de nuestro yo frente a ese objeto elaborado y, es lógico, la mejor manera de hacerlo en este caso es por medio de los colores de los vinilos y algunas láminas del fommy. Después de todo, la elaboración del “súper avión” no fue tan tortuosa, un poco larga, pero no dolorosa.
para volarlo, se pensó en una salida a un parque con todos mis compañeros de grupo, pero esa parte de la actividad no fue posible por cuestiones de tiempo, así que decidí adelantarme un poco; sí algo que tal vez no debí hacer, empero, no hubo repercusiones, así que con un gancho para papeles en la punta del avión, se fue volando –voló señor lector, voló-, no lo podía creer, de verdad el avión, ese elemento que salió de mis manos en el balcón de mi apartamento alcanzó a volar cerca de la otra acera, eso si no hubiera pasado un bus de Piedecuesta con las ventanas abiertas por donde entrara el avión.

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